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Sal

Sin sal, hay pocas cosas que tengan sabor

  • Crédit : Incognito photographe

Con una pizca de sal, volverán a su memoria los sabores de la isla de Ré

 

Hacia de La Couarde hasta Portes y Loix, pasando por Ars y St Clément des Baleines, las salinas de reflejos grises azulados se extienden hasta perderse de vista, contrastando con los verdes de las vides y de los cultivos del sur. Aquí es, pues, donde los salineros recogen el oro blanco, una de las riquezas naturales de la Isla. En una super cie de 460 hectáreas, perpetúan una tradición que data de varios siglos: el agua de mar pasa un tiempo en estanques de arcilla poco profundos y de tamaños diferentes donde se produce un proceso natural de evaporación gracias al sol y al viento. En la última cuenca, llamada superficie salante, se lleva a cabo la recolección manual de los cristales de sal, entre los meses de junio y septiembre. Como antiguamente, el salinero utiliza una especie de rastrillo ancho, un simoussi, para hacer pequeñas pirámides, las coubes, que dejarán purgarse el agua antes de transportarla a un montón de sal más importante, el pilot. A continuación, se ha de escardar la sal para limpiarla de insectos, plumas, hierbas y metales ferrosos, antes de condicionarla para la venta. La producción de sal depende enormemente de las condiciones climáticas: una tormenta con fuertes lluvias puede perjudicar el proceso, no solamente porque el exceso de agua dulce afecta al grado de salinidad, sino que, además puede dañar las presas que separan los distintos estanques.

 

Los salineros de la Isla de Re son los protagonistas clave de la protección del medio ambiente natural. Participan en la conservación de una rica biodiversidad de la flora y la fauna que alberga este medio vivo trabajado por el hombre; mantienen los estanques, los diques de arcilla y controlan diariamente los ajustes de los niveles de agua. Los otros meses, después del verano, los salineros dedican una parte de su tiempo a la reparación de los pantanos: limpieza, revisión del nivel del fondo de los estanques, creación de islotes de nidificación, mantenimiento de la  flora. Muchos de ellos, consagran también otra parte de su tiempo a una actividad complementaria, como el cultivo de la huerta o la vid.

 

« ¡ No regrese al Continente sin llevarse algunos sacos de nuestro oro blanco ! Su gusto avivará para usted durante mucho tiempo el sol, el océano, las vacaciones y Ré la blanca ! »

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